La respiración de los insectos
No es exclusivo del ser humano el uso de escafandras ni de bombonas de buzo para explorar el mundo acuático. Ni, por supuesto, fueron los primeros en utilizarlas. Los más expertos buceadores los encontramos entre los artrópodos.
Refresquemos un poco nuestros conocimientos acerca de la evolución de los artefactos submarinistas. El primer dispositivo que el ser humano utilizó era de lo más simple: los buceadores estaban conectados, por medio de un tubo, a una bomba que les suministraba el oxígeno e impedía que se ahogaran. Pues bien, este sistema es utilizado por dos insectos hemípteros: el escorpión acuático y el insecto palo acuático.
Tanto el escorpión acuático, Nepa cinerea, como el insecto palo acuático, Ranatra linearis, son dos expertos escafandristas cuya bomba de oxígeno es la atmósfera y cuyo tubo de sujeción es un apéndice posterior en forma de ídem que lleva el oxígeno hasta unos orificios (espiráculos) posteriores. Ni más ni menos que lo mismo que aquellos buceadores de los que hablábamos hacían con sus pesadas escafandras y sus tubos conectados a su particular “atmósfera”. Una salvedad más: a pesar de que estos insectos pasan prácticamente toda su vida en el agua pueden dar cortos vuelos si la charca en la que viven se seca o el alimento escasea.
Modernicémonos un poco y demos paso a los expertos buceadores que actúan con bomba autónoma, esto es, llevan acopladas las bombonas que les proporcionan el oxígeno que necesitan. En primer lugar presentaré a los ditíscidos (familia Dytiscidae) y a los hidrofílidos (familia Hydrophilidae), dos familias de escarabajos acuáticos. Los ditíscidos son unos excelentes nadadores al tener sus extremidades en forma de paleta. Pero el sistema de renovación del aire en ditíscidos e hidrofílidos es distinto. Los ditíscidos asoman el extremo del abdomen a través de la superficie del agua tomando aire entre los élitros y el abdomen. También pueden almacenar aire en otras zonas del cuerpo provistas de pelos hidrófugos. Los hidrofílidos asoman las antenas, en vez del abdomen, ya que poseen un canal de pelos hidrófugos desde la cabeza hasta la superficie ventral.
Ambos poseen la capacidad de renovar el contenido de oxígeno de la burbuja dentro del agua, aunque no indefinidamente. A medida que el oxígeno se va consumiendo, el equilibrio por la difusión de oxígeno del agua a la burbuja se restaura más rápidamente que el nitrógeno de la burbuja que sale hacia fuera. El problema es que la burbuja va disminuyendo de tamaño por lo que necesita una renovación periódica. Algunas especies de escarabajos pertenecientes a las familias de los élmidos (Elmidae) y driópidos (Dryopidae) han conseguido crear la burbuja permanente. Se trata de escarabajos de muy pequeño tamaño (2-5 mm.) que poseen una respiración por peto. El peto o plastrón es un tipo especial de burbuja de aire muy fina que comunica con los espiráculos (orificios por los que entra el oxígeno al insecto) y es mantenida gracias a pelos hidrófugos. Con poca cantidad de oxígeno que se encuentre disuelto en el agua el plastrón puede actuar como burbuja permanente, pudiendo permanecer sumergidos sin la necesidad de salir para renovar el aire. El problema de estos pequeños insectos es que no son buenos nadadores, pero no se puede pedir todo.
Finalizaré este apartado con otra excelente buceadora: la araña acuática (Argyroneta aquatica). Esta araña construye su tela en forma de campana bajo el agua, entre las plantas acuáticas, y la llena de burbujas de aire. Para ello realiza varios viajes a la superficie del agua tomando burbujas entre sus patas gracias a los pelos hidrófugos que posee. A medida que la reserva de aire se va consumiendo realiza viajes periódicos a la superficie para renovarla. En ningún momento usa su tela para cazar como las otras especies de arañas.
Cuando llega el momento de la reproducción el macho buscará una hembra de su agrado construyendo una vivienda a su lado. Después de un tiempo de cortejo a la vecinita de al lado decidirán tirar el tabique que separa sus dos viviendas para ampliar su futura casa, mezclándose ambas burbujas de aire. En esta nueva casa se aparearán y vivirán juntos hasta que los huevos de la puesta se abran. Cuando sus hijos crezcan reclamarán su independencia llevándose una burbuja de aire de casa de sus padres y se marcharán a construir la suya propia (seguro que a más de uno le ha sucedido algo parecido).
Fuente: Universidad de Murcia
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Neumonía lipoídica
Esta enfermedad está relacionada con la mala carga de las botellas de buceo. Los compresores que se utilizan en el buceo deben estar en perfecto estado para que no haya posibilidad ninguna de la introducción de vapor de aceite en las botellas. De ser así, estaríamos ante un grave problema, ya que nuestros alvéolos quedarían cubiertos por este vapor impidiendo realizar correctamente el intercambio gaseoso (hematosis) en nuestro organismo.
No es difícil reconocer este tipo de intoxicación ya que lo primero que notaremos será nuestra boca grasienta y con sabor a aceite, y con espasmos de tos. Ante esta situación lo que hay que hacer es abortar a la mayor brevedad posible la inmersión para acudir a un centro hospitalario.
Nosotros siempre recomendamos a la hora de montar nuestro equipo verificar la calidad de nuestro aire en nuestras botellas, respirando de ellas un par de veces. En caso de tener olor o sabor jamás debemos respirar de esa fuente de aire y tener en cuenta que cuando existe este problema en una botella lo más probable es que estén intoxicadas más de una, extremad las precauciones. La mejor manera de evitar estos episodios es hacer unas estrictas revisiones de los compresores, cambios de filtros y aceite cuando lo exija el fabricante.
Foto: Luis Fernando
Texto: Félix Corral para buceoactual.com
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Salinidad
Aproximadamente un 70% de la Tierra está cubierta de agua. Más del 97% de esa agua se encuentra en los océanos. Toda persona que alguna vez nadando en el mar haya tragado agua, sabrá que el agua de mar es ¡realmente salada!.
Las sales disueltas en el océano hacen que el agua sea bastante salada. El agua dulce también tiene sales disueltas, pero no tanto como las de los océanos. Estas sales disueltas pueden provenir de la tierra, de las precipitaciones, o de la atmósfera, y son partículas que se han mezclado completamente con el agua.
El agua de los océanos contiene 3.5% de sal. Esto significa que si el agua de los océanos se secara por completo, quedaría suficiente sal para construir una muralla de 180 millas de altura y una milla de grosor alrededor del ecuador. Más del 90% de esa sal sería cloruro de sodio o sal de mesa común y corriente. Los océanos contienen gran cantidad de sal. ¿Cómo llegó esa sal allí?
Alrededor de todo el globo, y desde la superficie de los océanos hasta sus profundidades , la salinidad es de aproximadamente ~33-37 ppt o ups (salinidad promedio de los océanos es de 35 ppt). Esta gráfica muestra la salinidad medida en la superficie de los océanos alrededor del globo. Caso todos los océanos se encuentran coloreados del mismo color naranja, esto corresponde a la salinidad global de aproximadamente 33-36 ppm o ups.
Los océanos son salados por naturaleza. El ambiente salubre tiene un gran efecto sobre la vida en los océanos. La mayoría de las criaturas que viven en el océano no podrían vivir en agua dulce. Sin embargo, cuando las aguas del océano, con alto grado de salinidad, se encuentran con agua dulce, se forma un estuario. Este es un medio ambiente especial en donde algunas criaturas han aprendido a adaptarse a la mezcla de agua dulce y salada. Los seres humanos tienen la responsabilidad de asegurarse de que sus acciones no originen este tipo de devastación.
Fuente: Ventanas al Universo
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Atlas mundial de buceo
Os presento una excelente guía ilustrada con las mejores inmersiones en nuestro planeta. De Jack Jackson y Charles Anderson

Un viaje a las mejores zonas de buceo del mundo, descrito y fotografiado por expertos de primer orden. Esta guía ofrece una amplia gama de inmersiones donde elegir, desde lugares clásicos hasta otros que acaban de ser descubiertos. Tanto si prefiere inmersiones tranquilas para fotografiar animales pequeños, como si su afición son los pecios, agujeros azules o las inmersiones vertiginosas, en esta obra encontrará descripciones muy bien escritas y acompañadas de detallados mapas para disfrutar de ellas.
P.V.P. 58 € IVA incluido
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Bioluminiscencia
Uno de los fenómenos naturales más asombrosos con el que pueden obsequiarnos los océanos es el de la bioluminiscencia, o lo que es lo mismo, la capacidad de producir luz que tienen ciertos organismos. Basta con recoger un balde de agua de mar y agitar nuestras manos en el interior para que un sinfín de partículas fosforescentes se activen en torno a nuestras manos.
La bioluminiscencia se debe a la interacción de dos sustancias de origen proteico: la luciferina y la luciferasa. Estas proteínas, al reaccionar entre sí en presencia de oxígeno, originan una luz fría, pues no produce calor.
Noctiluca miliaris es un organismo unicelular al que se deben la mayoría de los fenómenos de fosforescencia en el mar, ese que chisporroteará en nuestro balde al agitar las manos. Pero muchos organismos pluricelulares también son capaces de producir luz a través de unas complejas estructuras llamadas fotóforos, compuestas por lentes, capas reflectantes, pantallas pigmentadas y células fotógenas. La luminiscencia en ciertos cefalópodos y peces puede deberse también a la acción de bacterias luminosas que viven en simbiosis con el animal. En el interior de los fotóforos, estas bacterias sustituirían a las células fotógenas que producen la luz.
Poco se sabe aún sobre la utilidad de la luminiscencia en los organismos marinos, pero pueden apuntarse varias funciones como, por ejemplo, el reconocimiento de la pareja (tal y como ocurre entre las luciérnagas), la utilización de apéndices luminosos como cebos para la captura de presas (como en los pejesapos) o el uso de la luz para advertir de la presencia de sustancias tóxicas a posibles depredadores.
Texto de José Peñalver
Fuente: SHN del Mar
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