Agustín Portillo ha publicado los resultados sobre la Diadema antillarum











En dicho trabajo se contestan numerosas cuestiones en relación a este equinodermo que, hoy por hoy, está considerado como una plaga en los fondos rocosos de Canarias. La Bahía de Gando ha constituido el “laboratorio natural perfecto” para su realización. Se trata de una zona militar de acceso restringido y de especial conservación (ZEC), incluida en la Red Natura 2000, donde la ayuda y apoyo del Servicio Marítimo, Base Aérea de Gando, así como del Mando Aéreo de Canarias han sido indispensables en el buen desarrollo del proyecto.

En el libro se describe cada uno de los estadios de vida del erizo y se explica por qué el mismo constituye el último eslabón de la cadena trófica bentónica en aguas de Canarias, cuáles han sido los principales factores que han desencadenado la plaga, qué factores afectan a la maduración de sus gametos, cuál es la distribución de las larvas de erizos cuando forman parte del plancton y de las corrientes marinas, durante cuánto tiempo forman parte del plancton, qué factores influyen en su dispersión, cuándo, cómo y por qué se asientan esas larvas en el fondo, qué factores influyen en ese asentamiento larvario, dónde suele tener lugar ese asentamiento y por qué existen áreas donde no tiene lugar, cómo se comportan los nuevo reclutas y cómo se distribuyen, cómo se comportan los adultos y cómo se distribuyen en función de su talla, qué medidas deben adoptarse para el control de sus poblaciones, cuál sería el mejor período de captura al objeto de utilizarlas como recurso…

El estudio considera al erizo Diadema como una especie primitiva que se ha visto beneficiada por diferentes parámetros geográficos, meteorológicos, oceanográficos, antropogénicos y climáticos, siendo una combinación de todos ellos lo que ha ayudado al desarrollo de las poblaciones de erizos en detrimento del resto. Su instinto de supervivencia está claramente marcado por el oportunismo adaptándose a todas las circunstancias como resultado de un proceso evolutivo. No obstante, cuando cualquiera de los factores anteriores se ven alterados, el desarrollo de la especie también varía, siendo la misma evolución la que terminará por exterminar a estos organismos que parecen estar marcados con el atributo de la invencibilidad.

Se concluye igualmente, que no aprovechar esta plaga como recurso económico, en lugar de realizar matanzas masivas, podría ser un error ya que podría constituir una nueva alternativa para el maltrecho sector pesquero de las Islas Canarias. Asimismo, el trabajo pretende ser de utilidad a las autoridades competentes para trazar una estrategia que permita controlar de forma efectiva la plaga.

El libro está escrito en inglés y ha sido distribuido a todos los organismos oficiales, sociedades científicas, universidades e institutos oceanográficos tanto nacionales como extranjeros con interés y competencia en el tema.

Fuente: Museo Virtual Submarino
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Irregularidades en la superficie del mar











Cabría pensar que la capa superficial del mar es totalmente plana, o con más propiedad esférica dada la redondez de la tierra (si exceptuamos naturalmente los distintos estados de la mar debido a las inclemencias meteorológicas, corrientes o efectos de mareas). ¡Pero No es así!

El mar en reposo tomaría en primera aproximación la forma de un elipsoide (como una esfera pero achatada en sus polos) debido al giro de la tierra. Pero aún hay más, ya que el material que forma la tierra no es uniforme y por tanto esa isotropía produce que la gravedad en distintas zonas sea diferente. Al variar la gravedad en determinadas zonas de la tierra varía también la atracción de la masa de agua y por tanto su altura. El efecto es muy importante ya que hay puntos del mar que están hasta 160 metros de altura respecto a otros! Uno de los puntos más bajos está al sur de la india y oeste de Birmania, y el más alto en Nueva Guinea.
A todos estos efectos se suma la variación muy localizada de la gravedad debido a la presencia de una montaña submarina que hace aumentar la gravedad en ese punto concreto. Al contrario de lo que cabría esperar, se crea un bulto en la superficie del agua y no un valle, debido a la mayor atracción del agua por la montaña. El efecto no es nada despreciable ya que por ejemplo una montaña submarina del 2000 metros de altura, atraerá hacia sí con más fuerza al agua circundante, produciendo una elevación de unos 10 metros sobre el nivel normal del océano a su alrededor.

Fuente: Fondear
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Serpientes marinas










Tienen el veneno más mortal de la tierra, y sin embargo son inofensivas para las personas ya que son poco agresivas. Aún así impresionan y dan respeto. Se ven especialmente en el sudeste asiático, en muchos rincones de los mares de Indonesia, Filipinas, Nueva guinea,… todos ellos lugares de increíble belleza.

En estos sitios se cazan por su piel y en China por su carne, lo cual diezma sus poblaciones sin aparente solución. La moda de llevar cinturones, zapatos o bolsos de piel de serpiente hizo que se cazaran más de medio millón al año en una sola isla de Filipinas en la que lógicamente desaparecieron. Es increíble ver como los pescadores Filipinos bucean más de un minuto sin aletas y con gafas de buceo hechas a mano con madera. Tras la apnea, salen a superficie con 5 de ellas encajadas entre los dedos sujetas por el cuello, lo cual nos da una idea de la habilidad de estos pescadores y de la poca agresividad de las serpientes, aunque a veces si se las ha visto atacando a objetos flotantes de llamativos colores.

En tierra están indefensas. En el mar se alimentan de pequeños peces como los gobios o las pequeñas anguilas. Pueden inyectar unos 15 miligramos de veneno y solo 1,5 Mg ya son mortales para el ser humano. Después de morder a la presa, esperan el tiempo necesario para que actúe el veneno que inmoviliza y mata a la captura. Pasados unos minutos, se acercan y la engullen entera, empezando por la cabeza.

Les gusta el agua templada como pudimos comprobar en “Paradise” el punto de buceo más al norte de la isla de Sulawesi en donde se encuentran a pocos metros de profundidad chorros de agua muy caliente que salen entre las grietas de las rocas debido a la actividad volcánica del lugar. El agua de alrededor está posiblemente a unos 30º C, y en la zona pudimos encontrar un buen número de cobras marinas, impresionantes con sus anillos azul cian sobre el fondo negro azabache. Su color amarillo del vientre advierte de su potencial toxicidad y verlas nadar cerca desde luego que da respeto y atención. En cualquier caso, no intente emular a los cazadores Filipinos y si las ve, obsérvelas a distancia y no se acerque demasiado y mucho menos intente tocarlas.

Dependiendo de la especie, su tamaño varía considerablemente desde el medio metro a casi dos metros de longitud. Como sus parientes terrestres, respiran aire por lo que tienen que subir a la superficie cada cierto tiempo. Aunque se las ha llegado a ver a 40 metros de profundidad, normalmente están entre los 3 y 10 metros, nadando sin ninguna timidez por lo que no resulta complicado poderlas identificar. Tienen muy pocos predadores dado la potencialidad de su veneno, y sólo algunos tiburones, como el tigre, o las águilas de mar no se asustan por su presencia.

Fuente: Fondear
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Reportajes: Bosques submarinos












En su viaje hacia Golfito (Costa Rica) en 2005, el catamarán “Oceana Ranger” documentó uno de los ecosistemas más complejos, dinámicos y fascinantes que existen en los océanos. Se trata de los quelpos, los mayores organismos vegetales que pueden encontrarse en los mares.

Los quelpos son grandes algas pardas (1) que generan un hábitat muy similar a un bosque terrestre. En Europa su lugar lo ocupan otros bosques de laminarias que pueden encontrarse tanto en el Atlántico como en el Mediterráneo. Las especies más habituales en estos ecosistemas son Saccorhiza y Laminaria.

Pese a su gran importancia biológica, los bosques de quelpos no han sido recogidos por la legislación europea como hábitat prioritario para su protección. Oceana trabajará para que tanto en Europa como internacionalmente sean considerados como ecosistemas protegidos.

El mayor quelpo que existe en el mundo es el quelpo gigante (Macrocystis pyrifera) que puede llegar a alcanzar los 30 metros de altura y tiene una distribución bipolar: por las costas pacíficas de América entre Alaska y Baja California (México), en las costas sur de Chile y Argentina en aguas de Nueva Zelanda y Australia y en Suráfrica. Puede llegar a encontrarse en profundidades de hasta 60 metros cuando las condiciones del mar permiten la entrada de la luz. Prefiere aguas templadas aunque también puede darse en otras bastante cercanas a los polos, siempre y cuando la temperatura de éstas no baje de los 5ºC, lo que destruiría a los gametófitos (planta sexual de los quelpos).

Entre 12 y 14 meses de “embarazo”

Los quelpos empiezan su vida como esporas que pueden dar lugar a gametofitos hembras o machos. Los gametófitos hembra de los quelpos producen “huevos” que deben ser fertilizados por el esperma de los machos. Con este fin, los gametofitos hembras se valen de feromonas para atraer a los machos y fecundar los huevos que, posteriormente, se desarrollarán como esporófitos; plantas de las que saldrán trillones de esporas de las que sólo un mínimo porcentaje llegara a crear una planta. Y de cada 100.000 nuevas plantas jóvenes, apenas una llegará a ser adulta.

Como si de un embarazo se tratara, el ciclo de vida del quelpo necesita entre 12 y 14 meses para completarse. La mayoría se desarrolla y muere en sólo 6-9 meses, en un proceso continuo de fecundación, crecimiento (a un asombroso ritmo de hasta 50-60 centímetros por día) y muerte.

Junto al quelpo gigante pueden encontrarse otros grandes “arboles marinos” o tipos de quelpos, como:

el quelpo “boa de plumas” (Egregia menziesii)

el quelpo de cintas (Egregia laevigata)

el quelpo cuerno de ciervo (Pelagophycus porra)

o la palmera marina (Eisenia arborea), entre otros.



Los erizos marinos, su principal enemigo



Como si fueran bosques terrestres, las laminarias o quelpos funcionan a modo de grandes árboles permitiendo que cientos de animales y vegetales vivan entre sus “copas”, “ramas” y su sistema de “raíces” (2)

Gran diversidad de especies encuentran su hábitat ideal en estos ecosistemas, como el pez Garibaldi (Hypsypops rubicundus), las castañetas (Chromis punctipinnis), la cabrilla sargacera (Paralabrax clathratus), el pez del quelpo (Alloclinus holderi), o la señorita (Oxyjulis californica), etc. También otras muchas especies, como crustáceos y gusanos poliquetos.

Tampoco es extraño divisar entre los tallos de estos “árboles” especies como el tiburón azul (Prionace glauca) o algún cetáceo como el delfín de flancos blancos del Pacifico (Lagenorhynchus obliquidens).

Los principales enemigos de los quelpos son los erizos marinos que se alimentan de sus brotes y hojas, pudiendo acabar con grandes extensiones de estos bosques submarinos. Pero afortunadamente las estrellas de mar y los peces vieja comen erizos, controlando su población y evitando que puedan destruir el ecosistema de quelpos. También las nutrias marinas (Enhydra lutris) se alimentan de erizos marinos y de abalones (Haliotis spp.), fáciles de encontrar en este intrincado bosque.

La sobreexplotación de especies consumidoras de erizos puede llevar al colapso de los bosques de quelpos, al disparar la sobrepoblación de equinodermos como el erizo rojo (Strongylocentrotus franciscanus) o el erizo púrpura (Strongylocentrotus purpuratus).

Laminarias, los quelpos en Europa

En Europa su lugar lo ocupan otros bosques de laminarias (algas laminariales) que pueden encontrarse tanto en el Atlántico como en el Mediterráneo. Las especies más habituales en estos ecosistemas son Saccorhiza y Laminaria.

Aunque los quelpos europeos no alcanzan las extraordinarias dimensiones de sus familiares del Pacífico, existen algunas especies que llegan a alturas considerables:

Este es el caso del quelpo enredadera (Laminaria hyperborea) del Atlántico Norte, que puede sobrepasar los cinco metros de altura, o el alga kombu (Laminaria ochroleuca), de más de cuatro metros en algunas zonas del Mediterráneo, como el Mar de Alborán y aguas del Estrecho de Mesina, en Sicilia.

En este mar también existe una especie endémica, Laminaria rodriguezi, que llega a fijarse a sustratos duros que se encuentran hasta a 150 metros de profundidad. Se ubica en España (Cataluña, Baleares y Comunidad Valenciana), Italia (en especial en el Tirreno), Francia (principalmente alrededor de Córcega), entre Croacia y Montenegro, y el Norte de África.



En la zona atlántica, las especies más comunes son los quelpos alados (Alaria esculenta), los quelpos de azúcar (Laminaria saccharina), los quelpos rugosos (Laminaria digitata) u otros como los furbelows (Saccorhiza polyschides), o la ya mencionada enredadera (Laminaria hyperborea), que pueden encontrarse desde Noruega y Galicia hasta el Estrecho de Gibraltar, y algunas, como Saccorhyza polyschides llega hasta el Mediterráneo, pero están ausentes en el Mar del Norte y el Báltico.

Una importante zona de laminarias y con bosques muy buenos es en la Isla de Helgoland, en el German Bight, en el Mar del Norte. Hay Laminaria digitata y L. Hyperborea.

Muchas de estas especies de laminarias son frecuentes en las costas del Cantábrico (la zona más oriental para Saccorhiza polyschides y Laminaria ochroleuca se encuentra en Elantxobe) y Galicia (en dónde también puede encontrarse Laminaria sacchoriza y L. hyperborea).

Usos industriales de los quelpos

Además de su alto valor ecológico, muchas especies de quelpos tienen una gran importancia en industrias tan dispares como la de alimentación, farmacéutica, pinturas, construcción o cosméticos.

Aparte del consumo directo de la planta o su utilización como fertilizante, los quelpos producen una sustancia (polisacárido) conocida como alginato que es ampliamente utilizada como emulsionante en:

productos alimenticios (helados, salsas, cervezas, yogures…)

de higiene (pasta de dientes, champú, jabón…)

medicinales (píldoras)

industriales (tintes, pinturas, soldaduras…)

Quelpos invasores

La acuicultura de algas o las aguas de lastre de los buques mercantes han introducido algunas variedades de quelpos en ecosistemas ajenos, provocando graves problemas que podrían poner en peligro a las especies autóctonas, e incluso afectar a las poblaciones de moluscos.

Así el alga wakame o quelpo japonés (Undaria pinnatifida) originaria del Pacífico Noroeste está considerada como una de las especies más peligrosas por su amplia distribución fuera de su ecosistema, ocupando actualmente amplias zonas del Pacífico Este y Sur, Atlántico Norte y Sur, incluyendo el Mediterráneo, o el Báltico.

1 - Pese a que su color puede ser verde, los quelpos están incluidos dentro de las algas pardas ya que se trata de algas que contienen clorofila a y c y poseen, aparte del pigmentos verde, otros que le facilitan la utilización más eficaz de la luz del sol en aguas profundas para realizar la fotosíntesis. Este pigmento, conocido como fucoxantina, les da en ocasiones un aspecto pardo o dorado ya que permite reflejar la luz amarilla.

2 - Las algas no tienen raíces, tallo ni hojas tal como los conocemos en los árboles y otras plantas. En su lugar utilizan un sistema de fijación al sustrato conocido como hapterios.o rizoides, que sirven para sujetar al talo, el cual puede dividirse en algunas especies en estipe o pie y fronda u hojas.

Fuente: OCEANA
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Desvelan la conducta natatoria del zooplancton













Desde la superficie, el océano parece vasto y uniforme. Pero bajo la superficie, animales diminutos llamados zooplancton son agrupados en cúmulos y manchas por las corrientes del océano. La propia supervivencia de muchos depredadores del zooplancton (desde invertebrados hasta ballenas) y el éxito de las capturas de los pescadores puede depender de su éxito en hallar estas manchas.

Durante casi un siglo, los científicos que estudian los océanos han sospechado que estas manchas se forman cuando el zooplancton nada contra las corrientes del océano. En todos esos años, sin embargo, no ha sido posible comprender de manera clara la respuesta natatoria del zooplancton a las corrientes oceánicas, sobre todo por la falta de tecnología para rastrear los movimientos de tan minúsculos animales en el mar.

Ahora, un equipo internacional de científicos de Israel, Estados Unidos y Alemania, dirigido por Amatzia Genin de la Universidad Hebrea de Jerusalén, ha proporcionado, por primera vez, evidencias de la notable dinámica responsable de la formación de agrupaciones de zooplancton. Los nuevos hallazgos indican que el zooplancton se deja conducir por la corriente sólo en la dirección horizontal, no en la vertical.

El desarrollo reciente de un sistema tridimensional de imágenes acústicas por Jules Jaffe del Instituto Scripps de Oceanografía en la Universidad de California, San Diego, ha abierto la puerta para que un equipo de investigadores rastree varios cientos de miles de individuos del zooplancton en dos emplazamientos costeros del Mar Rojo. El equipo incluye a Genin y su estudiante Ruth Reef de la Universidad Hebrea; Jaffe y Peter Franks del Instituto Scripps de Oceanografía en la Universidad de California, San Diego; y Claudio Richter del Centro para Ecología Tropical Marina en Bremen, Alemania.

Sus hallazgos muestran que estos pequeños animales efectivamente conservan su cota de profundidad bajando y subiendo contra corrientes ascendentes y descendentes a velocidades de hasta varias decenas de longitudes corporales por segundo.

El sistema de obtención de imágenes usa un sonar multihaz para medir únicamente el movimiento animal. El sistema permitió que los investigadores analizaran la conducta natatoria de más de 375.000 individuos del zooplancton contra las corrientes verticales. Nadar contra las corrientes verticales permite que el plancton mantenga su cota de profundidad, una conducta que se postuló hace mucho tiempo, pero que nunca se había medido hasta ahora en el océano.

Que el pequeño zooplancton sea capaz de permanecer a una profundidad constante con una precisión de centímetros, a veces inmerso en fuertes corrientes verticales, implica que estos organismos tienen sensores de profundidad sumamente sensibles, la naturaleza de los cuales es todavía desconocida. Las implicaciones ecológicas de la conducta del zooplancton para conservar su cota de profundidad tienen consecuencias de gran alcance para las ballenas, los peces depredadores, y los humanos.

Fuente: Solo ciencia
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