Desvelan la conducta natatoria del zooplancton
Desde la superficie, el océano parece vasto y uniforme. Pero bajo la superficie, animales diminutos llamados zooplancton son agrupados en cúmulos y manchas por las corrientes del océano. La propia supervivencia de muchos depredadores del zooplancton (desde invertebrados hasta ballenas) y el éxito de las capturas de los pescadores puede depender de su éxito en hallar estas manchas.
Durante casi un siglo, los científicos que estudian los océanos han sospechado que estas manchas se forman cuando el zooplancton nada contra las corrientes del océano. En todos esos años, sin embargo, no ha sido posible comprender de manera clara la respuesta natatoria del zooplancton a las corrientes oceánicas, sobre todo por la falta de tecnología para rastrear los movimientos de tan minúsculos animales en el mar.
Ahora, un equipo internacional de científicos de Israel, Estados Unidos y Alemania, dirigido por Amatzia Genin de la Universidad Hebrea de Jerusalén, ha proporcionado, por primera vez, evidencias de la notable dinámica responsable de la formación de agrupaciones de zooplancton. Los nuevos hallazgos indican que el zooplancton se deja conducir por la corriente sólo en la dirección horizontal, no en la vertical.
El desarrollo reciente de un sistema tridimensional de imágenes acústicas por Jules Jaffe del Instituto Scripps de Oceanografía en la Universidad de California, San Diego, ha abierto la puerta para que un equipo de investigadores rastree varios cientos de miles de individuos del zooplancton en dos emplazamientos costeros del Mar Rojo. El equipo incluye a Genin y su estudiante Ruth Reef de la Universidad Hebrea; Jaffe y Peter Franks del Instituto Scripps de Oceanografía en la Universidad de California, San Diego; y Claudio Richter del Centro para Ecología Tropical Marina en Bremen, Alemania.
Sus hallazgos muestran que estos pequeños animales efectivamente conservan su cota de profundidad bajando y subiendo contra corrientes ascendentes y descendentes a velocidades de hasta varias decenas de longitudes corporales por segundo.
El sistema de obtención de imágenes usa un sonar multihaz para medir únicamente el movimiento animal. El sistema permitió que los investigadores analizaran la conducta natatoria de más de 375.000 individuos del zooplancton contra las corrientes verticales. Nadar contra las corrientes verticales permite que el plancton mantenga su cota de profundidad, una conducta que se postuló hace mucho tiempo, pero que nunca se había medido hasta ahora en el océano.
Que el pequeño zooplancton sea capaz de permanecer a una profundidad constante con una precisión de centímetros, a veces inmerso en fuertes corrientes verticales, implica que estos organismos tienen sensores de profundidad sumamente sensibles, la naturaleza de los cuales es todavía desconocida. Las implicaciones ecológicas de la conducta del zooplancton para conservar su cota de profundidad tienen consecuencias de gran alcance para las ballenas, los peces depredadores, y los humanos.
Fuente: Solo ciencia
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Migración de las tortugas marinas
Las tortugas marinas son especies migratorias que, nada más salir de los huevos en las playas de puesta de Florida, Yucatán y otros puntos del este americano, emprenden una desenfrenada carrera hacia el mar.
A la orilla de la playa, cientos de pequeñas tortugas de apenas 15 centímetros de longitud desafían la fuerza de las olas, impulsadas por una herencia genética y guiadas por el magnetismo de la tierra y la frecuencia del oleaje que les llevará a emprender un largo viaje de más de 10.000 millas, a lo largo de todo el Atlántico Norte. Pero su historia empieza 60 días atrás...
La época de reproducción de la tortuga boba (Caretta caretta) da comienzo en marzo y alcanza su clímax de junio a agosto, pero se alargará aún en las próximas semanas, hasta octubre. A partir de los 10 años las hembras ya están en condiciones de reproducirse. Quien haya visto una puesta de tortugas sabe de la dificultad y lo fascinante del proceso: de noche, mejor sin luna llena para proteger su intimidad, las tortugas salen de las profundidades del océano y se arrastran por la playa hasta encontrar el lugar adecuado para la puesta.
Una vez allí, empieza a excavar con sus aletas para formar el nido. Pacientemente, con su cara y cuerpo embadurnados de arena y “llorando” por el esfuerzo realizado, la tortuga hembra deposita, uno tras otro, un centenar de huevos similares a pelotas de ping pong.

© OCEANA / Houssine Kaddachi
Del calor depende el sexo
Las tortugas suelen realizar de dos a siete puestas por año y luego descansan durante dos o tres años hasta las siguientes puestas. Tras 60 días de incubación, los huevos eclosionarán dando lugar a una nueva generación de tortugas.
Para que los huevos puedan eclosionar con éxito los factores principales son la granulometría de la arena de la playa y la temperatura en el nido. Dependiendo de si ésta es mayor o menor, así será el ratio de machos y hembras; a mayor temperatura, más hembras. La temperatura límite a partir de la cual el sexo de las tortugas puede modificarse parece estar en los 29º C, llegando a ser sólo hembras cuando supera los 33º. Asi que, volvamos al principio de esta historia...
El “año perdido”
El Mar de los Sargazos es el primer destino de las tortugas recién nacidas. Allí pasan un periodo de tiempo conocido como “el año perdido”. Se denomina asi porque hasta hace poco los científicos desconocían lo que ocurría con estos animales entre el momento en que abandonaban la playa de puesta y hasta que volvían a ser encontrados, ya como juveniles. La pregunta lógica era ¿dónde habían estado en el intermedio?
En el Mar de los Sargazos, las tortuguitas se alimentan de los crustáceos y otros pequeños animales que encuentran entre estas algas. Luego reemprenden su viaje aprovechando la Corriente del Golfo, para dirigirse hacia las Islas Azores y, desde aquí, al continente europeo.
La mayoría de ellas sigue las aguas más templadas que les llevan hacia las costas de España y Portugal. Muchas se adentran en el Mediterráneo, donde llegan a concentrarse en cantidades que superan los varios cientos de miles de ejemplares. Alli también se encuentran con las poblaciones menos numerosas de tortuga boba (Caretta caretta) que realizan la puesta en este mar, y en particular en un escaso número de playas de Grecia, Turquía y Chipre.
Desde el oeste de la Península Ibérica, la Corriente del Golfo, ayudada por los vientos alisios, les empuja en dirección sur atravesando las costas occidentales de Africa, hasta pasar por las Islas Canarias y Cabo Verde. Al sur de este archipiélago, la corriente cambia de dirección para adentrarse de nuevo en el Océano Atlántico y dirigirse otra vez con rumbo oeste hacia las aguas caribeñas y del este americano donde, cuando sean adultas, realizarán la puesta.
Oceana, tras su pista

© OCEANA / Juan Cuetos
En 1986 el biólogo estadounidense especializado en tortugas marinas, Archie Carr, presentó la hipótesis de que las tortugas bobas que efectuaban la puesta en las playas norteamericanas realizaban una larga migración de ida y vuelta a lo largo de todo el Atlántico, aprovechando la Corriente del Golfo. Sustentaba su hipótesis en el tamaño de los individuos recogidos en distintas zonas del Atlántico, tales como las costas estadounidenses, el Mar de los Sargazos y el Golfo de México.
En 1993, investigadores españoles -Xavier Pastor, Director de Oceana en Europa; Ricardo Aguilar, Director de Investigación y Proyectos de esta organización, y Julio Más, Director del Oceanográfico de Murcia- corroboraron la hipótesis de la migración trasatlántica. Su trabajo aportó datos de las poblaciones del este mediterráneo, cuyo tamaño encajaba perfectamente con el tipo de individuos que presumiblemente deberían encontrarse en esta zona para completar el ciclo dibujado por el investigador norteamericano.
Todas las tortugas marinas son consideradas especies en peligro de extinción. La importancia de las playas de puesta de tortuga boba en EE.UU. queda fuera de toda duda: alberga a la segunda mayor población del mundo y mantiene el 35-40% de la población mundial de esta especie, realizando unos 68.000-90.000 nidos al año.
Por esta razón, desde sus oficinas en Europa y América, Oceana está llevando a cabo un estudio en los dos extremos del Atlántico Norte para conocer el verdadero alcance de las migraciones de las tortugas marinas.
Fuente: OCEANA
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Prevenir las Consecuencias Irreparables del Cambio Climático: ¿Por qué 2°C?
El calentamiento global es una realidad y está sucediendo, este aumento de la temperatura media se extiende por todo el planeta que ya ha registrado un incremento de 0,74°C durante los últimos 100 años. Las mediciones lo ratifican, desde 1850 cuando comenzó el la medición y el registro con instrumental de la temperatura, 11 de los últimos 12 años más calurosos se han registrado entre 1995-2006 (IPCC, 2007a). Los impactos del cambio climático son diversos y evidentes en todo el planeta: retroceso de glaciares, derretimiento de hielos, intensas y más frecuentes
El aumento de la temperatura es el resultado directo de las actividades humanas asociadas a la industrialización: como quema de combustibles fósiles, desmontes, deforestación de masas boscosas y la agricultura intensiva han liberado y acumulado en la atmósfera una cantidad de gases de efecto invernadero (GEI) sin precedentes.
La gran mayoría de los científicos, algunos gobiernos y organizaciones no gubernamentales como WWF, consideran que es necesario limitar urgentemente las emisiones que provocan el calentamiento global a fin de
mantener el aumento de la temperatura por debajo de los 2°C respecto de los niveles preindustriales, para prevenir “un cambio climático peligroso” con consecuencias inciertas e irreparables. Aunque todavía es posible alcanzar ese objetivo, debemos actuar rápidamente dado que la ventana de oportunidad para mantenerse debajo de los 2°C se cerrará rápido.
Aunque remotas, las regiones polares del mundo no escapan a los efectos del calentamiento global. En realidad, estas son las regiones donde más dramáticamente se manifiestan los efectos asociados al cambio climático.
Durante los últimos 50 años, la parte occidental de la Península Antártica registró un aumento de la temperatura cuatro veces superior al promedio del resto del planeta (IPCC, 2007). En tal sentido, el inmenso Océano Austral registra un aumento de la temperatura a profundidades de 3.000m (Jacobs, 2006). Asimismo, los ecosistemas marinos y terrestres están experimentando cambios aún mayores. Aquellos lugares donde el hielo marino se ha reducido por el aumento de la temperatura, la población de krill Antártico, de focas de Weddell (Leptonychotes weddellii), de pingüinos de Adelia (Pygoscelis adeliae) y las de pingüinos emperadores (Aptenodytes forsteri) han disminuido. Por otro lado, las especies que no dependen del hielo marino, como esponjas de aguas bajas y los pingüinos de barbijo (Pygoscelis antarcticus) y de papúa (Pygoscelis papua) se han expandido hacia territorios libres de hielo. En la tierra, las temperaturas más cálidas del verano han provocado, probablemente, que las únicas dos especies nativas de plantas con flores de la Antártida se hayan incrementado en número y hayan podido extender su territorio.
La evidencia científica emergente apunta que el calentamiento global disminuye o restringe el hábitat de todas las especies de cetáceos (ballenas, delfines y marsopas) que se encuentran en la lista de especies amenazadas de IUCN (Learmonth et al., 2006) y en las regiones polares, donde los efectos del calentamiento sobre los ecosistemas se están produciendo mucho más rápidamente, las consecuencias del cambio climático sobre diversas especies de ballenas serán aún más significativas.
Tomando en cuenta la situación a la que se enfrenta el ecosistema Antártico, WWF encargó un nuevo estudio a los científicos Cynthia Tynan y Joellen Russell. Para ello Tynan y Russell (2008) combinaron las proyecciones basadas en el estado del arte de los modelos climáticos de circulación general, con el conocimiento actual de los expertos sobre la ecología de las ballenas del Océano Austral, de manera de poder evaluar las consecuencias que podrían esperarse con un aumento de la temperatura media global de 2°C en los ecosistemas Antárticos, y especialmente, para las ballenas que habitan allí.
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Fuente: WWF
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Vertidos rutinarios de hidrocarburos
Oceana ofrece información sobre las especies más afectadas por estos vertidos “silenciosos”, incluyendo aves marinas, tortugas o cetáceos y propone una Directiva fuerte, con sanciones criminales para quienes contaminan el mar.
Cientos de miles de animales marinos pueden morir cada año a causa de los vertidos rutinarios de hidrocarburos.
En su informe (“La otra cara de las mareas negras”) Oceana ya expuso que la contaminación crónica por hidrocarburos producida por el lavado de tanques, vertido de aguas de sentinas y otros residuos oleosos supone un peligro, al menos, tres veces superior, al representado por las mareas negras provocadas por los accidentes en buques petroleros.
Ahora Oceana ha llevado a cabo un trabajo de recopilación sobre las especies más frecuentemente afectadas por este tipo de vertidos “silenciosos”, pero letales. Aunque es difícil cuantificar el impacto total del efecto de la contaminación crónica por hidrocarburos en los mares europeos, el resultado de este trabajo es que afecta por igual a aves marinas, tortugas o cetáceos.
77.000 aves muertas al año en la UE por fuel pesado mezclado con lubricantes procedente de sentinas de los barcos.
En las aguas atlánticas de Canadá el 62% de las aves encontradas muertas en las playas procedían del vertido rutinario de hidrocarburos al mar. Esto permitía estimar un ave petroleada por cada 1,3 kilómetros de costa.
La Unión Europea tiene unos 100.000 kilómetros de costa. Por lo que si estas cifras fueran extrapolables a Europa nos encontraríamos con una mortalidad de aves marinas debida a la contaminación crónica de hidrocarburos de 77.000 aves al año.
En la costa del Mar del Norte, entre el 37% y el 46% de las aves encontradas muertas habían sido petroleadas. Se calcula que el 50% de las 1.000-6.000 aves muertas que cada año llegan a las costas belgas han sufrido algún grado de contaminación por hidrocarburos.
Estudios realizados sobre los compuestos encontrados en las aves petroleadas y los residuos de hidrocarburos en playas han comprobado que el 90% de ellos estaban compuestos de fuel pesado mezclado con lubricantes, algo que corresponde a los residuos típicos de las sentinas de los barcos.
Algunos científicos consideran que el impacto de la contaminación crónica es muy superior al producido por los accidentes con marea negra, e incluso han llegado a comparar la mortalidad generada en determinadas zonas a causa de los vertidos ilegales con la que causaría un accidente como el del Exxon Valdez cada año.
Restos de petróleo y bolas de alquitrán en estómagos, esófagos y boca de tortugas neonatas en el Atlántico occidental.
© OCEANA / Juan Cuetos

Un estudio sobre las tortugas capturadas en palangreros en el Mediterráneo central encontró muestras de contaminación por hidrocarburos y otras basuras flotantes en el 20% de los especimenes muestreados. Otro estudio de las mismas características, pero en el Mediterráneo occidental y teniendo tan sólo en cuenta muestras visibles de hidrocarburos sobre el cuerpo de las tortugas halló restos de hidrocarburos en el 10,6%. En una recopilación de datos realizada en los años noventa sobre la causa de la muerte de las tortugas encontradas varadas en las costas, se llegó a la conclusión de que un 22% de las muertes de tortugas bobas (Caretta caretta) y un 46% en el caso de tortugas verdes (Chelonia mydas) tenían relación con la contaminación por hidrocarburos.
En el Atlántico occidental un 36% de los neonatos de tortugas examinados en las costas de Florida mostraban restos de hidrocarburos en sus estómagos y esófago, mientras que esta cifra aumentaba hasta el 46% si se incluía la boca. En las tortugas examinadas en las zonas de “downwelling” -hundimiento de nutrientes- de la Corriente del Golfo se estimó en un 20% las que habían ingerido bolas de alquitrán. Igualmente, recientes estudios en la costa de Rio Grande do Sul (Brasil) estimaron que el 13,2% de las tortugas verdes morían a causa de la ingestión de plástico o petróleo.
Cetáceos varados con bolas de alquitrán taponando su tracto respiratorio.
Al igual que en el caso de las tortugas, los cetáceos, al tratarse de animales con pulmones, tienen que salir a la superficie para respirar, donde pueden entrar en contacto con los vertidos de hidrocarburo que flotan en las capas superficiales de los océanos.
Pese a que se ha observado que los mamíferos marinos suelen evitar las zonas donde se ha producido un vertido de hidrocarburos, también se han visto cetáceos y pinnípedos nadando en aguas contaminadas por estos vertidos. De hecho, se han encontrado cetáceos varados en costas europeas que mostraban bolas de alquitrán taponando su tracto respiratorio.
No obstante, la mayor amenaza para estos animales a causa de los vertidos de petróleo es su bioacumulación a causa de la ingestión de presas contaminadas.
Fuente: OCEANA
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Los rayos de sol de mayo
En mayo los rayos de sol se asoman con más intensidad a la entrada de las cuevas, como queriendo percibir lo que se esconde tras la oscuridad.
Las cuevas son pequeños mundos de la noche, que cobijan a criaturas poco amigas de la luz, reductos de una fauna insólita.
Produce Aquawork
Fuente: Vimeo
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